lunes, 31 de mayo de 2010

Poqomames


El grupo étnico poqomam, junto a los poqomchis, son los que componen el pueblo pocom, que alrededor del año 1.000 d. C. ocupaban el territorio que actualmente conocemos por Verapaz, en Guatemala. No se conoce con exactitud de donde provienen los antiguos poqom porque el único documento existente escrito en su idioma es el Título del Barrio de Santa Ana, fechado en 1565, y no dice nada referente a las migraciones de estos grupos, ni otros como los k'iches o los kaqchiqueles hacen ninguna referencia hacia ellos en sus escritos como uno de los grupos que venían de la mítica Tulán y cuyo enclave geográfico aún se desconoce.

Sin embargo, existe el memorial de Sololá, también llamado Memorial de Tecpán-Atitlán y Anales de los Kaqchiqueles, que dice que cuando ellos llegaron, los kaqchiqueles, encontraron a los poqomames poderosos y establecidos en su centro, al que denominaban Nimpoqom. Es la razón por la que se cree que los poqomames antiguamente habitaban la Verapaz, en el siglo XIV y antes de que llegaran los kaqchiqueles. Por otra parte, también en el Título de los Señores de Kaqkoj, encontrado en el año 1.785 pero probablemente copiado de otro documento más antiguo, se pueden hallar referencia sal respecto. En él se dice que los pocomames tienen su origen cerca de San Cristóbal Kaqkoj, actualmente San Cristóbal Verapaz, y que los habitantes de Chinautla eran sus hermanos pero que tuvieron que irse. Esta huída a la que se refiere, probablemente, fue propiciada por la invasión de los rab'inaleb' y los k'iches, los que forzaron a los poqomames a abandonar sus tierras y a que huyeran hacia el sur, razón suficiente para argumentar el desarrollo de los idiomas derivados del poqom. El poqomam se difundió en la zona central y oriental de Guatemala y en la sur-occidental de El Salvador; el poqomchi' evolucionó en la Verapaz.

La existencia de estos documentos son la base donde se apoyan los conocimientos que hoy tenemos de la historia prehispánica de los pocomames, escritos por sacerdotes y otros cronistas, que también cuentan que: "durante la época en la que los españoles permanecieron en estas regiones, los poqomames se establecieron en los departamentos y municipios hoy conocidos por Guatemala (Chinautla, Mixco, Petapa, Amatitlán y Pinula), Escuintla (Palín), Jalapa (cercanías de San Luis Jilotepeque, San Pedro Pinula y San Carlos Alzatate), Jutiapa (Asunción Mita) y en la vecindad de Cuscutlán, en El Salvador".
Los pocomames compartieron territorio con otros grupos indígenas como los kaqchikeles, xincas y pipiles, y según el Memorial de Sololá, los kaqchikeles invadieron los asentamientos de los poqomames de Petapa, Pinula y Mixco, despojándolos de sus territorios. Al igual que hicieron los poqomames, que invadieron a sus vecinos los Pipiles en El Salvador, entre los años 1.200 a 1.524, durante el periodo Postclásico Tardío.

Fue una época en la que los poqomames, y en la meseta llamada Canchon, se habían hecho fuertes en un centro con varias estructuras, aunque Chinautla fue el sitio más significativo y de mayor importancia, al que llamaban B'elej. Un lugar arqueológico localizable en el norte del valle de Guatemala, una fortaleza rodeada por profundos barrancos.
Poco antes de la llegada de los españoles, pero ya en el siglo XVI, el territorio que habitaban los poqomames era una extensa área con tres centros mayores, Chinautla, Mixco y Nimpoqom, que iba desde Amatitlán y Mixco, en el centro del país, hasta donde convergen las fronteras de Honduras y El Salvador con Guatemala.

Su estructura social se basaba en la familia y era dirigida por un anciano con su mujer, compuesta de hijos casados y solteros, hijas solteras, sirvientas y esclavos.
Las clases sociales superiores eran representadas por los sacerdotes y por la nobleza militar, los ejercían el poder político, quienes a su vez eran auxiliados por otra nobleza administrativa. Al final de esta época, los poqomames tenían un alto nivel de producción agrícola y alcanzaron un importante desarrollo en el intercambio comercial con otros grupos dentro de todo el área del grupo maya. Disponían de su propia moneda y de su correspondiente jerarquía administrativa en la justicia.

Luego llegaron los españoles y se establecieron las encomiendas, se robaron las tierras de los indígenas y los esclavizaron para explotarlos en el trabajo, con el pretexto de educarlos en la religión católica. En el periodo colonial el número de poqomames mermó significativamente entre las guerras y las epidemias que provocaron las enfermedades exportadas desde el viejo continente, contra las que no estaban preparados sus organismos para defenderse. Ya en el siglo XX, las comunidades poqomam se han mantenido estables relativamente, aunque los intentos de grupos políticos de izquierdas por restaurar y recuperar sus territorios no hicieron otra cosa que provocar las represiones dictatoriales por parte de los militares, que como resultado forzó a muchos de sus componentes a emigrar a los Estados Unidos.

La lengua poqomam o pokomam está emparentada con el idioma poqomchi, pertenecientes a la familia lingüística maya. El número de personas que hablan el idioma poqomam se estima que ronda entre los 45.000 y 50.000.
Los actuales poqomames se localizan principalmente en los municipios guatemaltecos de: Chinautla (departamento de Guatemala), Palín (Escuintla) y San Luis Jilotepeque (Jalapa).
Sus economías se basan en la fabricación de carbón vegetal y la producción de cerámica, además de la agricultura de subsistencia: maíz y frijol.
Las creencias religiosas de este pueblo se dividen entre el catolicismo y la doctrina evangelista, por supuesto sincretizadas con sus creencias ancestrales. Según sus creencias, dios enseñó a los antiguos poqomames el secreto de la milpa y Jesús vino al mundo a repartir las tierras.

jueves, 27 de mayo de 2010

Pipiles


Los pipiles eran un pueblo agricultor y guerrero, y, según el antropólogo salvadoreño Roberto gallardo, eran expansionistas, que invadían territorios enfrentándose con sus vecinos. Para buscar en los orígenes de este grupo étnico habría que trasladarse en el tiempo a algunas poblaciones en lo que ahora conocemos como los estados mexicanos de Durango, Zacatecas y San Luis Potosí, y por lo que los estudios arqueológicos muestran emigraron a Veracruz entre los años 500 y 600 d. C. Un par de siglos más tarde algunas de estas poblaciones emigraron a la parte sur de México, hacia el Soconusco, lo que dio origen a los pipiles. Por otro lado, los que se quedaron dieron origen a los nonoalcas, al tiempo que los dos grupos comenzaron a ser influenciados por los toltecas.

No parece que este paso emigratorio dado hacia el Soconusco llevara otra intención que la de ser transitoria, al menos esa es la conclusión que se puede sacar de este espacio corto de tiempo por el que se asentaron en esta localización mexicana, porque un siglo más tarde, en el 900 d. C., los pipiles dieron un paso más en su emigración para recalar en varias regiones de Guatemala, El Salvador y Honduras. Así mismo, algunos de estos grupos asentados en Guatemala continuaron su viaje algo más al sur, hasta llegar a territorio nicaragüense, dando origen a los que conocemos por nicaraos, que habitaron en los márgenes del lago Nicaragua o Cocibolca y hablaban la lengua náhuatl.

En lo que hoy es territorio guatemalteco fundaron algunas ciudades, entre ellas Isquintepeque, la que hoy conocemos por Escuintla, y tomaron contacto con otras etnias de distinto origen, de los que se vieron influenciados fuertemente. Estos eran los grupos de origen maya: cakchiqueles, quiches y zutujiles. Por otro lado, los grupos pipiles que se asentaron en territorio hondureño lo hicieron en los valles de Comayagua, Olancho y Aguán y Choluteca, y de la misma manera que sus parientes de Guatemala se vieron influenciados por otro grupo maya, en este caso fueron por los chortis. El otro grupo, el que se asentó en tierras salvadoreñas, son los antepasados del último grupo pipil existente en la actualidad. Al rededor del año 1.200 fundaron el señorío de Cuzcatlán y sus territorios se extendían desde el río Paz hasta el río Lempa, ocupando gran parte del occidente y centro del actual El Salvador.

Luego llegaron los españoles y la historia de los pipiles cambió de rumbo. En 1.524 Pedro de Alvarado conquistó Isquintepeque y el señorío de Cuzcatlán también sucumbió ante los conquistadores cuatro años más tarde. Parece que la conquista pipil no fue tan complicada como pudiera imaginarse, al menos si por lo que a tiempo se refiere, porque en 1.530 las poblaciones pipiles de honduras y Nicaragua ya estaban conquistadas. Seguidamente llegó la colonización y esto, en términos taurinos, supuso la puntilla para esta etnia. Las poblaciones pipiles se fueron extinguiendo en Nicaragua, Guatemala y Honduras, quedando solamente en El Salvador, como último enclave representativo de la cultura y lengua pipil. Ya en el siglo XX, en 1.932, se produjo un levantamiento campesino que tuvo consecuencias nefastas para este pueblo, fueron reprimidos cruelmente por el gobierno del general Maximiliano Hernández Martínez, provocando un derramamiento de sangre que significó la muerte de miles de indígenas de esta etnia. Fue el último gran golpe que recibieron los pipiles, no sólo fueron las víctimas, también lo sufrió la lengua y tradiciones, al abandonar su cultura muchos de sus componentes.

La sociedad se diferenciaba en tres clases sociales, los nobles, los comuneros y los esclavos, era una afiliación de estatus hereditaria pero para ocupar algún puesto de responsabilidad había que ganárselo o bien por las armas o por algún rito religioso. Los nobles eran los que ocupaban los puestos privilegiados de la sociedad, tanto en el ejército como en la política o la religión, los comuneros eran los trabajadores, agricultores, cazadores, pescadores, artesanos y hasta los soldados, en el escalón más bajo se situaban los esclavos, que generalmente se trataban de prisioneros de guerra que se explotaban como mano de obra y en ocasiones como víctimas de sacrificios humanos para los dioses en los templos.

El término pipil proviene del náhuatl, de pipiltzin, y significa "noble, señor o príncipe", aunque también tiene otra variación válida que proviene de pipiloton, también del náhuatl y que quiere decir "niño, muchacho u hombrecito". Supuestamente el nombre pipil le fue impuesto por los tlaxcaltecas y otros grupos del mismo tronco lingüístico que estaban aliados con Pedro de Alvarado, seguramente para diferenciarlo del náhuatl, por lo mal que lo pronunciaban, con acento aniñado.
Las ramas de los pipiles son cuatro: los cuscaltecos, que vivieron en Cuscatlán, en San Salvador; los izalcos, que se dedicaban al comercio de herramientas de obsidiana y al cultivo del cacao; los nonualcos, reconocidos guerreros, y los mazahuas, que se dedicaban a la crianza de venados de cola blanca.
Los pipiles y salvadoreños en general utilizan la palabra náhualt para referirse al idioma, el término pipil sólo lo utiliza la comunidad internacional de estudiantes, para distinguirla de las variantes de náhualt de México. Pertenece a la familia lingüística uto-azteca y son aproximadamente 500 personas las que hablan la lengua, principalmente en Sonsonate, Ahuachapán, La Libertad y San Salvador.

La agricultura fue la principal actividad económica de este pueblo, especialmente el cultivo del cacao, muy difundido en El Salvador a la llegada de los españoles, también muy apreciado como bebida y como unidad de intercambio. El maíz, el frijol y el ayote formaban parte de su dieta y, junto a éstos, otros cultivos importantes eran el chile, el aguacate, el tomate y el chipilín. También el tabaco, aunque el consumo de éste estaba destinado exclusivamente para usos ceremoniales.

Eran dos los señoríos que dominaban la región al sur y al oeste del río Lempa, dos ciudades-estado con dominio regional, similares a los que existían en diferentes regiones de Mesoamérica. Uno de ellos se centraba en Tecpan Izalco y el otro en la ciudad de Cuscatlán. El señorío de Izalco dominaba 15 asentamientos principales y su territorio era de 2.500 kilómetros cuadrados, aproximadamente. El señorío de Cuscatlán tenía bajo su control a 59 pueblos pipiles con alrededor de 12.000 casas indígenas y abarcaba un área de 7.500 kilómetros cuadrados.

Al igual que los aztecas, tenían un calendario muy similar, con el tonalpohualli o calendario ritual de 260 días y el xihuitl o calendario solar de 365 días. Cada día se identificaba con un símbolo y un número.
Estimaban que los dioses estaban ligados estrechamente con la naturaleza, es el motivo por el que veneraban a los árboles y a los animales.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Pimas


Los pimas son unas de las etnias más pobres de México, debido a la pobreza de sus suelos y al despojo que han sufrido constantemente. Es difícil ubicarlos en un enclave en concreto, se podría decir que la migración es la particularidad que define a este pueblo que, a opinión de los investigadores, en su mayoría residen en los estados mexicanos de Sonora y Chihuahua: en las rancherías de Yepáchie, municipio de Temósachi, y en Dolores y Mesa Blanca, poblado del municipio de Madera y en la localidad de Pinos Verdes, perteneciente al ejido de Conoachi. También en Arizona, estados Unidos.

Los pimas han ido desapareciendo y mermando en número de componentes poco a poco y por diferentes causas, entre ellas, por la división de su territorio y luego por su asimilación. Fue a partir de la llegada de los españoles cuando la región del territorio se dividió en dos: la Pimeria Alta y la Pimeria Baja. Respecto a esta división territorial histórica el gobierno del estado de Sonora recoge en su página Web, http://www.sonora.gob.mx/: " Los misioneros, con fines juridiscionales, dividieron el territorio pima en dos regiones: la llamada Pimeria Alta que se extendía de sur a norte desde la Misión de Nuestra Señora de los Dolores hasta la confluencia de los ríos Gila y Colorado, comprendiendo los actuales municipios de Altar, Magdalena y parte del de Arizpe y del estado de Arizona, y la Pimeria Baja, que iba desde el río Yaqui hasta la propia misión, abarcando los hoy en día municipios de Hermosillo, Ura y Guaymas. Ambas pimerías formaban la provincia de Sonora dependiente, hasta 1734, de la Nueva Vizcaya. La provincia así, se extendía en una amplia faja de 1500 kilómetros de longitud, aproximadamente".

Cuando llegaron los conquistadores, los pimas, eran un pueblo altamente desarrollado si lo comparamos con otros pueblos y culturas vecinas del desierto. La presencia de los españoles por aquellas tierras se debía a la búsqueda de riqueza y de las siete ciudades de oro (Cibola y Quiriva), pero lo que encontraron no fue otra cosa que pequeñas comunidades sedentarias en la región y que por supuesto trataron de conquistarlas, pero se encontraron con una respuesta hostil que lo evitó. También dice la página Web del estado de Sonora al respecto: "Lo que no logró la espada, lo conquistó, en parte, la cruz. Los frailes jesuitas Kino y Salvatierra lograron establecer, en 1687, la Misión de Nuestra Señora de los Dolores en el poblado indígena de Cosarie, en la ribera del río San Miguel, la que sirvió de base para la evangelización de la Pimeria Alta. En la Baja, los jesuitas Guzmán y Burgencio, fundan a partir de 1616 las misiones de Moris, Yécora y Ures entre otras".

La independencia que disfrutaban frente a los españoles fue un hándicap para la tribu que, por una parte continuaban sin ser sometidos bajo las normas de los recién llegados al territorio y por otras se vieron fuertemente afectados por los ataques que sufrían por parte de los apaches y otras tribus salvajes, al tiempo que los mestizos amenazaban el proceso de despojo de tierras. Este despojo fue una constante a lo largo de varios siglos, hasta que la revolución mexicana les permitió acceder a un sistema ejidal con el reparto agrario, lo que les garantizó la pertenencia de tierras, aunque esto no les ha ayudado a asegurarse herramientas técnicas modernas para poder sacarles un mayor rendimiento y optar a un mejor nivel de vida con el desarrollo.

El término pima proviene de la época en que llegaron los conquistadores, y que significa "no sé", respuesta usada con frecuencia en el encuentro con los españoles. A ellos les gusta llamarse a sí mismos o'ob, que quiere decir "la gente o el pueblo", lo que los distingue de sus parientes los pápagos, "gente del desierto". Su lengua es el pima y pertenece al grupo de lengua pimanas de la familia uto-azteca.

El hecho de que sean un grupo étnico migrante dificulta saber con exactitud el número de habitantes o componentes que suman en la actualidad. Para el gobierno federal mexicano la población estimada es de 861 habitantes, aproximadamente, ahora bien, hay que tener en cuenta que se refiere solamente a los habitantes de lo que sería la Pimeria Baja. La desestimación de este grupo étnico por parte del gobierno federal fuera del territorio de la Pimeria Baja se debe a la falta de datos que hablen de una supuesta pureza racial.

La economía de los pimas se sustenta entre la agricultura y la ganadería, principalmente esta última. Cultivan especialmente el maíz, frijoles y chile, también se alimentan de trigo, y frutas silvestres. La organización social se basa en familias patriarcales y cada una de estas familias es dueña de varias cabezas de ganado mayor, vacas, burros, caballos, borregos, que engordan para venderlos en los pueblos de la región. La artesanía principal, la de la costerí, es elaborada por mujeres. Tejen la palma para fabricar sombreros, cestos, petates y escobas, para el autoconsumo y para venderlos en los mercados.

El estilo seminómada de los pimas hace que tengan por lo general dos casas, una temporal y otra permanente. Esta última tiene cimientos de piedra y paredes de adobe y piedra, no tienen ventanas y consta de una sola puerta; los techos a dos aguas y cubiertos de tejemanil. El suelo es de tierra apisonada y la planta cuadrangular con una sola habitación. La casa temporal se halla en los terrenos de cultivo y la usan durante los periodos de siembra y cosecha.

Los pimas son cristianos en su mayoría, aunque, como casi todos los pueblos indígenas latinoamericanos, con influencias autóctonas ancestrales.

domingo, 23 de mayo de 2010

Pech


Los componentes de la etnia pech han sido llamados, además de ésta, de otras maneras diferentes, eso sí, todas de forma despectiva, payas, poyers y pahayas, denominaciones todas rechazadas por ellos mismos. Era así como les llamaban los conquistadores españoles y viene a decir que eran bárbaros, salvajes o incivilizados. A ellos les gusta autollamarse pech, que significa, "gente", un término utilizado para referirse entre ellos, para el resto de la población utilizan distintos términos. Pech-akuá, que significa "la otra gente", y bulá, que quiere decir "ladino".

No está clara la procedencia de esta etnia, si bien por su lengua se puede encontrar algún resquicio de luz, mientras algunos lingüistas la consideran como una lengua aislada, otros como Lehmann y Greenberg estiman que la lengua pech proviene del Chibcha, identificada con la familia macro-chibcha, de origen sudamericano.

Si es así, como estiman Lehmann y Greenberg, los chibchas salieron probablemente de América del Sur hace 3.000 años y se establecieron entre Colombia y América Central. Cuando llegaron los españoles esta etnia tenía una organización económica y política al nivel de otras etnias vecinas, como Tawahkas o Tolupanes. En la época prehispánica este grupo indígena se extendió por el norte del país desde el río Aguán hasta el cabo de Gracias a Dios. Por el tiempo de la colonia se extendieron del río Aguán al río Patuca, en la zona nororiental hondureña.

Actualmente, la sociedad que compone este grupo étnico ronda los 3.200 habitantes, aproximadamente, está compuesta por nueve tribus o pueblos extendidos por la geografía de Honduras. Vallecito, Pueblo Nuevo, Subirana, Agua Zarca, Culuco, Jocomico, Pisijire en el municipio de Dulce Nombre de Culmí y Santa María del Carbón en el municipio de San Esteban, en el Departamento de Olancho; Silin en el municipio de Trujillo, Departamento de Colón, y Las Marías de la Biosfera del Río Plátano en el Departamento de Gracias a Dios.

Sobra decir que también los pech se opusieron a los españoles cuando comenzaron a conquistar su territorio, aventurándose por la Mosquitia en 1564. La historia nos cuenta que los españoles tuvieron que optar por la religión católica para someterlos, debido a la fuerte oposición que encontraron por parte de los indígenas. Los relatos orales de los ancianos pech cuentan que:"por cuatro siglos, los pech vagaron errantes por la selva de Agalta, buscando escondrijos, para no ser encontrados por los colonizadores y los zambos, quienes les perseguían para venderlos como esclavos en las Antillas". Es esto, la necesidad de adaptarse a una forma de vida nómada, lo que les ha permitido mantener sus costumbres ancestrales, tanto a nivel político-social como religioso o alimentario.

Según Lehmann Stone y Epstein, los pech habitaban las Islas de la Bahía en el siglo XVII, junto a comerciantes mayas, una estimación basada en artefactos encontrados en estos lugares y que son similares a los encontrados en territorio pech en tierra firme, y hasta allí fueron a cristianizarlos los conquistadores.
Fueron tiempos peligrosos también para esta etnia que, además de los españoles, encontraron otros enemigos directos como los piratas ingleses, franceses y holandeses, que se aliaron con los misquitos, dándoles armas de fuego para obligar a los indígenas, entre ellos los pech, a refugiarse en el interior de Honduras. Este hecho, el de perseguirlos y secuestrarlos para vendérselos como esclavos a comerciantes ingleses, fue la causa más importante por la que su población mermó significativamente.

Los pech conservan celosamente sus tradiciones, su lengua, su cultura, religión y sistema económico, y son las personas mayores de edad las que se encargan de mantenerlas vivas. Al igual que el respeto por la naturaleza, la fauna y las plantas, de las que dependen.
Su organización se basa en la familia, cuentan con jefes tribales, consejeros y sacerdotes y chamanes, y en su producción se dividen en cazadores, agricultores y pescadores.
La importancia de la mujer está equiparada a la del hombre dentro de la sociedad, aunque hay que resaltar que en la época prehispánica contaba con más influencia. La colonia motivó su desvalorización social.

La economía de los pech se apoya principalmente en la agricultura, la ganadería, la tala y la pesca. También es importante la industria artesanal que desarrollan, el lavado de oro.
Sus cultivos son de arroz, maíz, frijoles, bananos, café, algunos tubérculos como la yuca dulce y la extracción de aceite de la resina del árbol liquidámpar.
El respeto que profesan a la naturaleza es debido a la dependencia tan importante que del bosque tienen, desarrollando normas correctas y sostenibles que mantienen el equilibrio del ecosistema.

Sus viviendas tradicionales son chozas de paja, aunque también de madera. A partir de la tormenta tropical Gamma en 2005, que afectó considerablemente a sus habitantes, la cooperación española les construyó unas 300 pequeñas viviendas de cemento y ladrillo para la comunidad pech, sin embargo, nadie les ha proporcionado catres ni camas para que pudieran dormir cómodamente.

Aunque la mayoría se consideran católicos, aún conservan parte de los rasgos de su antigua religión. En sus relatos orales se encuentran indicios de una cosmovisión ancestral. Un héroe cultural es el que contribuye a desarrollar la civilización de su pueblo, mediante el aporte de sus bienes culturales: el maíz, la agricultura y la medicina. Según Girad, sobre el Río Plátano existió un centro religioso, donde se han encontrado petroglifos de la cultura pech.

jueves, 20 de mayo de 2010

Pápagos


Referente a la historia prehispánica de los pápagos se estima que habitan el desierto de Altar-Yumao de Sonora, México, desde hace más de 3.000 años. Se sabe que por entonces, el desierto, estuvo habitado por pequeños grupos nómadas, cazadores recolectores, que ya conocían el cultivo del maíz. Sin embargo, los restos arqueológicos que se tienen de este grupo étnico datan del año 1.000 de nuestra era, encontrados en los márgenes del Río Gila. También en este primer milenio d. C., se desarrolla la cultura agrícola de los hohokam, dotado de formas complejas de organización y de un elaborado y moderno, para su época, sistema de regadío. Es muy probable que este desarrollo agrícola se diera por dos importantes factores, el de aprender a conservar algunas semillas silvestres que encontraban en el campo y el hallazgo de las llamadas Tinajas de los Pápagos, tres depósitos de agua que, aún hoy, muy rara vez se secan.

El descubrimiento de restos arqueológicos nos hacen pensar que fue el hambre, o la necesidad de alimentarse en un territorio hostil, lo que dio origen al primer asentamiento de esta etnia en detrimento de su anterior forma de vida nómada. Después de los primeros cultivos surgieron los canales que pusieron en práctica para que regaran sus siembras de maíz, frijol, calabaza y algodón.

Los pápagos se autodenominan Tohono O'otham, que quiere decir "gente del desierto", y son los descendientes de los hohokam. Ni que decir tiene que, por un bien tan necesario y escaso a la vez como es el líquido elemento, los problemas con otros grupos étnicos eran frecuentes, una rivalidad que los hizo guerreros por encima de casi todo. Aún así, los pápagos no eran los más belicosos en comparación con otros grupos indígenas que los conquistadores españoles encontraron a su llegada, tanto es así que, al contrario que un poco más al norte, en territorio pápago sí pudieron establecerse las misiones.
De todas maneras, no todo fueron buenas intenciones y pacíficas amistades, el crecimiento de la población mestiza fue lento pero sin pausa hasta que en 1840 se rompió el remanso de paz que regaba la región y, claro está, por el agua tuvo que ser, o al menos fue una de las razones. Tampoco se puede negar que la usurpación y despojo de sus tierras no fuera razón suficiente para que estallara la insurrección indígena.

Luego, en 1948, los pápagos se vieron envueltos en un problema que, no sólo les arrebataban sus tierras, si no que vieron cómo los extranjeros partieron su territorio en dos, dando origen a dos países distintos ajenos a sus voluntades. Con el Tratado de Guadalupe, México perdió la mitad de su territorio frente a los Estados Unidos y los pápagos quedaron separados por una línea fronteriza. La suerte fue dispar para unos y otros, los que quedaron al norte se vieron beneficiados por unos acuerdos en los que el gobierno de los Estados Unidos cedió una zona para la creación de su reserva, en cambio, en México, los conflictos que surgieron a raíz de la insurrección de 1840 no cesaron, es más, tampoco se hizo nada de provecho para lograr esos acuerdos que reconocieran territorio como al otro lado de la frontera. La represión fue tan dura que obligó a muchos pápagos a emigrar a la reserva creada en Estados Unidos, en Arizona, donde se localizan en la actualidad la mayoría de los componentes de este grupo étnico.

El siglo XX tampoco comenzó mejor para los intereses pápagos, durante las dos primeras décadas los colonos, apoyados por el ejército mexicano, les arrebataron las tierras de cultivo de Caborca, Pitiquito y Sonoyta, y no fue hasta 1928 cuando llegó algo de cordura, cuando el presidente Plutarco Elías Calles decretó el ejido Congregación del Pozo Verde, que confirmaba los derechos de los pápagos de esa localidad sobre 2.823 hectáreas de terreno. Más tarde, en las décadas de los 70 y 80 se dotaron las comunidades de Quitavac, Pozo Prieto, San Francisquito y Las Norias, aún así, todo esto no representa ni el 15% del territorio original de los pápagos. En cuanto a población en el Estado de Sonora, se estima que en 1915 existían alrededor de 15.000 miembros de la tribu, en 1980 ya no quedaban más de 400. Las causas más significativas son dos, la emigración a Estados Unidos en busca de trabajo y el mestizaje.

El término pápago deriva de papawi o'otham, modo despectivo utilizado por sus vecinos los ópatas, que quiere decir "gente del frijol o frijoleros". Sin embargo, esta manera de nombrarlos se dió a partir del siglo XIX, en la época de la colonia se les llamaba pimas altos.
Su lengua, Tohono, está estrechamente relacionada con el Pima, junto al que forma la rama pimana de la familia yutoazteca. El idioma de los pápago corre distinta suerte a un lado y al otro de la frontera, mientras que en México cae en desuso, en Arizona la mayoría son bilingües.

Respecto a las viviendas, el tipo más antiguo consistía en una excavación circular de 5 metros de profundidad aproximadamente y diez de ancho, el techo lo construían de ramas de ocotillo y hediondilla, que sostenían con vigas de la corteza del sahuaro, y las paredes escalonadas. Otro tipo de vivienda tradicional es de planta cuadrada, con muros de adobe o piedras y barro, y los techos de paja o carrizo con argamasa. Una particularidad de este tipo de vivienda es la colocación de la puerta de entrada, siempre orientada hacia el poniente.

Principalmente los pápagos viven de la ganadería, también de la agricultura, el trabajo asalariado y la artesanía, ésta última muy solicitada y bien valorada en los Estados Unidos: figuras talladas de madera de mezquite, cestería de palmilla y torote, piezas de barro cocidas en horno elaborado con palos de choya y estiércol, etc.

Su religiosidad se apoya en la adaptación de sus elementos religiosos al cristianismo. Su figura principal es San Francisco, en torno al que giran sus creencias y ritos actuales. San Francisco sincretiza también la imagen de I'Itoy, el Hermano mayor. Los rezos y alabanzas se ofrecen en las capillas levantadas en las rancherías, donde se ubica una imagen del santo. La falta de sacerdotes oficiales provocó que el culto cayera en manos de los propios pápagos u O'otham.

domingo, 16 de mayo de 2010

Pames


De las seis naciones componentes de los chichimecas, los pames, se podría decir que eran los más pacíficos, o mejor dicho los menos belicosos. Mucha culpa de esta diferencia entre los otros cinco pueblos chichimecas, caxcanes, tecuexes, guachichiles, guamares y zacatecos, la tenían sus vecinos del sur, los otomíes, algo más refinados en cuestiones sociales y religiosas, y por supuesto por su cercanía a la ciudad de México y Querétaro. De la palabra que los define, pame, o pami, Gonzalo de las Casas dijo al respecto que significa "no", en chichimeco jonaz, y que se les atribuyó dicho término porque lo decían con mucha frecuencia.

Para centrarnos en sus orígenes como pueblo habría que trasladarse al año 2.500 a. C., después del llamado mestizaje que sufrieron los chichimecas y culturas de Mesoamérica por parte de los toltecas, que fue cuando se dividió el grupo de los pames. Como bien decía Gonzalo de las Casas, su negativa a aceptar cualquier iniciativa procedente de los conquistadores es lo que le valió el nombre con el que se les conoce, ante el rechazo de la invasión de su territorio.

Como apuntaba anteriormente, los pames, tenían fama de ser los más pacíficos de todas las naciones chichimecas, desde que intervinieron en la Guerra Chichimeca. Pero en la década de 1750, aquella fama se evaporó cuando sus actividades se tornaron más hostiles, cuando comenzaron a secuestrar y asesinar españoles.

Los chichimecas son la última etnia sobreviviente de los seis que la componían, aún así, es un grupo muy pequeño y representan al 3% de la población indígena del estado de San Luis de Potosí, donde habítan. Antiguamente se asentaban en las localidades de Acámbaro, Orirapúndaro, Ucareo, Tulimán, San Pedro, Parrón, Sinquía, Sichú, Izmiquilpan y Meztitlán. Compartieron territorio con otras tribus como los guachichiles y guamáres al oeste, con los otomíes en Jilotepec y en Michoacán con los purépechas. Actualmente se localizan en el sudeste del estado de San Luis de Potosí y algunos pocos en el norte del estado de Querétaro. Habitan comunidades del municipio de Santa Catarina.

Los pames eran un grupo nómada, en un territorio de clima seco y estepario, con flora tipo desértico como el maguey, el cardonal y el mezquite. Sus asentamientos eran básicamente dispersos, con centenares de metros entre unas y otras chozas en el rancho; lejos de habitar cerca de los ríos, para tener el agua a mano, lo hacían en las partes altas o en los cerros, lo que les obligaba a recorrer grandes distancias para obtener el líquido elemento.

El chichimeco Jonaz es una lengua relacionada genealógicamente con las lenguas pames, que cuentan con diferentes nombres para autodenominarse, dependiendo de aspectos como las subáreas territoriales, las comunidades, o de las lenguas mismas. A los componentes de este grupo étnico les gusta llamarse xi'ói o xiyui, que significa "hombre verdadero". La lengua pame pertenece a la familia lingüística oto-mangue, al grupo oto-pameano, y se calculan en algo más de 8.300 las personas que la hablan.

Los hombres son los encargados de llevar a cabo la construcción de sus casas, que tradicionalmente están hechas con materiales de la región, como: carrizo, caña de maíz, caña de azúcar, tablas de madera, juncos, varillas de arbustos y palma. Actualmente son otros materiales los que sustituyen a los tradicionales, tales como: el adobe, láminas de zinc, etc. Se compone de una sola habitación que sirve tanto de dormitorio como de cocina; en el interior, sus muebles son austeros y rústicos, sillas y mesa de madera. Duermen sobre petates o catres.

Sobre su religiosidad, algunas de las características más particulares son: el culto a los ídolos, las ofrendas de papel, o la ceremonia de la plantación y la cosecha, en la que el jefe religioso rociaba las milpas con la sangre de sus piernas, de sus pantorrillas. Sus templos se situaban en los cerros.

* Consultar Chichimecas


miércoles, 12 de mayo de 2010

Paipai


El nombre que recibe esta etnia, paipai, es el que los mexicanos han empleado históricamente para referirse tanto al grupo étnico como a su lengua. Pero no es así como se autodenominan sus hablantes, si no jaspuy'pai, que significa "personas no lavadas" o "personas no bautizadas", lo que conlleva, a simple vista, un contenido o significado religioso, o de rebeldía contra la doctrina de los misioneros, como se quiera entender.

El encuentro entre los antiguos paipai y los primeros europeos se dio allá por 1602, cuando la expedición de Sebastián Vizcaíno se adentró por los territorios de la Baja California. Sin embargo, no fue hasta 1769 cuando comenzaron los primeros asentamientos españoles por estas tierras del norte de México, dirigidos por el militar Gaspar de Portolá y por fray Junípero Serra. En 1780 los dominicos fundaron la primera de las misiones en la región, cerca de la costa y en territorio donde vivían los paipai. La misión de San Vicente se convirtió en un importante enclave para la administración española y para el control militar.

Casi dos décadas después, en 1797, se fundó otra misión que complementaría a la anterior, construyéndose en Santa Catarina, cerca de la frontera que delimitaba los territorios de los paipai y sus vecinos los kumiai. Santa Catarina, cuyo nombre indígena es Xac Tojol, estuvo en pie algo menos de 50 años, la culpa de su destrucción no fue otra que la hostilidad de los indígenas paipai que, supuestamente, y "hartos ya de estar hartos", se sublevaron contra los conquistadores junto a los otros grupos humanos de la región, los cucapá, kumiais y kiliwas.

No es mucho más lo que encontré referente a este grupo étnico en cuanto a lo que su historia nos ha dejado, que valga la pena reseñar, salvo que en 1974 les fueron otorgadas 2.817 ha. de terreno cerriles para la explotación colectiva. En esa extensión existen pequeñas zonas cultivables, aunque sin agua para regar, sólo un arroyo de temporal que pasa por la comunidad, donde los paipai realizan la agricultura de subsistencia.

El pueblo amerindio paipai vive en el norte del estado mexicano de Baja California, en los municipios de Ensenada y Tecate, especialmente en Santa Catarina, a 8 Km. al norte de la carretera San Felipe-Ensenada, a la altura del poblado Héroes de la Independencia, en la falda sur de la Sierra de Juárez. Los paipai siempre han mantenido sus principales núcleos de población desde antes de la llegada de los misioneros, San Isidoro y Ja'mao, ambos en el municipio de Ensenada. Son alrededor de 400 las personas pertenecientes a este pueblo indígena y aproximadamente la mitad de ellas las que aún conservan el habla de su lengua ancestral.

El idioma paipai, como apunté anteriormente, recibe el mismo nombre de la etnia, aunque también es conocida por akwa'ala. Pertenece a la familia lingüística yumano-cochimí, incluida en la controvertida macro-familia hokana. Según la controvertida técnica de la glotocronología, se estima que el grupo pai de las lenguas yumano-cochimíes se pudo haber separado de otras ramas del grupo yumano (rieño y del delta) hace entre 1.000 y 1.700 años. De igual manera y por la misma técnica, se sugiere que el paipai se separó del alto yumano hace menos de 1.000 años.

La agricultura que se da en la región es poca, se podría decir que testimonial, la subsistencia de este pueblo siempre se basó en la caza y la recolección de frutos silvestres y plantas naturales. Entre las plantas y frutos silvestres que se obtienen para recursos alimenticios están la yuca, agave, mezquine, nopal, bellotas, piñones y bayas de enebro. Entre los animales utilizados para el consumo: el borrego cimarrón, berrendo, conejo, woodrats, aves como las codornices, peces y mariscos. Anteriormente se dedicaban a la pesca del abulón, pero la reducción de sus territorios y la declaración del delta del río Colorado como reserva de la biósfera, han puesto fin a esta actividad. Los hombres salen a trabajar a los ranchos aledaños y las mujeres se dedican especialmente al corte de la guata, cuyos troncos venden como material para cercar terrenos.

Las casas tradicionales paipai suelen ser rectangulares y construidas con ramajes y techos de paja, aunque cada vez más los nuevos materiales como los bloques de cemento y las láminas de zinc van sustituyendo a los tradicionales. Su artesanía es variada, y va desde la cerámica, cestería, cuerdas y trajes de piel de conejo hasta las sandalias de fibra (delantales de cuero y gorros de cestería para las mujeres), o cunas.

Las creencias religiosas de los paipai se apoyan en el catolicismo, aunque sincretizadas y con predominio de elementos autóctonos, muy cercanos en afinidades a las creencias de los kumiai, como es el caso del mito de la creación.

lunes, 10 de mayo de 2010

Pacaxes


El grupo étnico de los pacaxes, también conocido por pacaxees, lacapaxas o capaxees, vivieron en el estado mexicano de Sinaloa, en la parte serrana de los municipios de Culiacán y Badiraguato, en las localidades de Abuya, Tacuichamona, Tabalá, Oso, Navito, Quilá, Tomo, Sanalona, Imala y parte de Badiraguato. En algunos de estos pueblos, como Quilá y Tabalá, convivieron con otro grupo humano, los sabaibo, con los que compartieron lugares donde tenían sus chozas.

Limitar los espacios territoriales relativos a la época prehispánica en el estado se Sinaloa es algo complicado y si nos reducimos en limitaciones al municipio de Culiacán aún nos resultaría mucho más difícil. Las fronteras indigenistas en México se trazaron en acuerdo a la expansión y dominio de algunos pueblos poderosos. Así están marcados los territorios que hoy conocemos por el Estado de Sinaloa. La parte norte se sitúa en Aridoamérica y la centro-sur en Mesoamérica.

Mesoamérica, a su vez, podríamos decir que está dividida en dos subáreas, la nuclear, a la que pertenecen los pueblos poderosos, y la marginal, en la que se encuadran los grupos que no alcanzaron un desarrollo cultural y económico sólido, sino que subsistieron por los cauces de los ríos, las zonas montañosas, las costas y otros lugares.

Sobre la provincia de Culiacán es de la que más referencias históricas o noticias más antiguas se tienen de todo el estado, que hasta el momento de la conquista, según Pérez de Ribas, estaba dividido en tres provincias, Sinaloa al norte, Culiacán en el centro y Chiametla al sur. La provincia central se localizaba territorialmente entre los márgenes de los ríos Mocorito y Piaxtla.

A su llegada, los españoles encontraron en esta provincia asentamientos de distintos grupos étnicos, y aunque las noticias o crónicas de aquella época no especifican cuales eran las diferencias, se suponen que estarían basadas en la indumentaria y ornamentación, así como en la ubicación geográfica específica de cada tribu. Los grupos humanos que habitaban la provincia por aquel entonces fueron los totomares, acaxes, xiximes y pacaxes.

La nación pacaxe, como descifró y clasificó estos lugares y sus conglomerados indígenas Andrés Pérez de Ribas, vivió en los territorios centrales de la costa del Pacífico, entre los ríos Culiacán y Pliaxtla, y junto a sus vecinos acaxes y xiximes, fueron unos de los núcleos más diseminados en los territorios de la provincia de Culiacán. Muy poco se saben de estas naciones indígenas, pero por sus asentamientos en los márgenes de los ríos Culiacán, Elota, San Lorenzo y Piaxtla, se intuye que practicaban la agricultura cuando lo propiciaban las condiciones. Esto deja adivinar que su forma de vida sería sedentaria y la posibilidad de intercambio de sus productos con otros grupos vecinos. Tampoco se puede escapar que por su cercanía a la costa del Pacífico, probablemente, sus actividades también se desarrollaran en la pesca y en la extracción de sal.

La guerra no era una actividad principal para las naciones de la provincia de Culiacán. Al contrario que ocurría con los aztecas, no estaban predeterminados para el enfrentamiento bélico, por lo que no suponía una deshonra para los varones. Cuando morían, igualmente ocurría lo contrario que a los tenochcas, entre los pacaxes no existían distinciones al respecto, iban al mismo lugar que el que había sido un buen guerrero, de la misma manera que tampoco estaban los guerreros relacionados con la inmortalidad y los estatus sociales.

Referente al tema de la guerra, entre los habitantes de la provincia de Culiacán, encontramos en las Relaciones de Arregui: "al momento de guerrear... por parecer fieros, y parecénlo mucho con unas rayas que se hacen por las caras, ojos y brazos, pechos y aún por los muslos y piernas, unas azules, otras negras y otras verdes y coloradas... al instante que tienen noticia que están cerca sus enemigos y que les han de dar se sientan todos y se embijan, y se ponen en la frente plumas de urraca y de guacamayas".

domingo, 9 de mayo de 2010

Nicaraos (Nicaraguas)


Los nicaraos o nicaraguas eran la principal tribu nahua de Nicaragua, cuya denominación proviene de Nicarao, Niqueragua o Nicaraocallí, el rey de la tribu a la llegada de los españoles a la zona del Lago Cocibolca o Nicaragua, aunque esta versión está poco respaldada por los historiadores actuales. Su llegada a estas tierras se dio alrededor del año 1200 y procedían del centro de México, de las regiones de Ticomega y Maguatega, en el valle de Cholula. Estaban estrechamente relacionados con los aztecas, y la razón que les obligó a emigrar fue la destrucción del Imperio Nahua en Tula, por las tribus olmecas. Sin embargo, no llegaron directamente desde el valle de Cholula a tierras nicaragüenses, de sus territorios emigraron aproximadamente en el año 800, hasta la zona de Soconusco, en el sureste mexicano, donde permanecieron un periodo de tiempo.

Los nicaraguas siguieron el rumbo de una profecía orientada por uno de sus sacerdotes, la que decía que buscaran una isla con dos volcanes y en su éxodo encontraron la Isla de Ometepe con dos volcanes, el Concepción y el Maderas, dentro del lago Cocibolca y junto al istmo de Rivas. Pero cuando arribaron al lugar profético ya estaba habitado por otra tribu proveniente también del norte, los chorotegas, a los que se enfrentaron militarmente y consiguieron desplazar del territorio.

El istmo de Rivas, donde se asentaron, es una estrecha franja de terreno entre el Océano Pacífico y el Lago Cocibolca, su límite occidental era el río Ochomogo y por el sur se cree que penetraron un corto trecho en territorio de la actual Costa Rica, algunos pequeños grupos en el norte de Guanacaste. La capital de los nicaraos era Quauhcapolca, cercana a la actual ciudad de Rivas y otros centros importantes fueron Tecoatega, Totoaca, Teoca, Mistega, Xoxoyta, Papagayo, Ochomogo y Oxmorio.

Samuel Kirkland Lothorop cuenta que: "Los ancianos de Nicaragua acostumbraban a decir que sus antepasados y los nicoyas en un tiempo vivieron en el desierto de Xoconochco (Soconusco), que queda entre Soconusco y Tehuantepec. Así vivieron durante un periodo de tiempo igual a la suma de las vidas de siete u ocho hombres viejísimos, cuando los olmecas, quienes desde mucho tiempo antes eran sus enemigos, aparecieron repentinamente y los subyugaron. Incapaces de soportar la terrible esclavitud que les impusieron los olmecas, consultaron con sus caudillos, quienes se aconsejaron con sus dioses por ocho días y luego dispusieron que emigraran en masa, lo que hicieron luego. Después de viajar veinte días, uno de sus caudillos murió.

Pasaron por Guatemala y dejaron una colonia en Ecalcos, esto es, Izalco (El Salvador), cuyos habitantes se llamaban pipiles. Otras colonias fueron establecidas en Mictlán (Mitlán, El Salvador) o en Asunción Mita (Guatemala), y en Yzcuintlán (Escuintla, Guatemala). Los demás avanzaron hacia la provincia de Choluteca en Honduras, donde murió el segundo caudillo, después de hacer las siguientes profecías: Que los nicoyas se adelantarían a los demás y que algún día serían sometidos por hombres blancos con barba, peores que los olmecas; que los olmecas (de quienes se suponen huían) se asentarían cerca del Mar del Sur hacia el Oriente, cerca del golfo de San Lúcar (Golfo de Nicoya); que las tribus nicaraguas se asentarían en un mar de agua dulce, a la vista de una isla con dos volcanes, que evidentemente se refiere a la isla de Ometepe, cuyo nombre significa "dos montañas" en náhuatl.

La rama nahua entonces avanzó hacia el norte, y cerca del Desaguadero (esto es, el río San Juan) hay una ciudad habitada por ellos, y hablan una lengua mexicana no tan corrupta como la de los pipiles. El grupo principal siguió hasta Nombre de Dios (República de Panamá). Desde ahí recorrieron la tierra, en busca del mar de agua dulce, y llegaron a Nicoya, donde hallaron a sus antiguos compañeros de viaje, quienes les contaron de los lagos de Nicaragua. Desde Nicoya fueron a Xolotlán, o Nagarando, esto es las llanuras de León (Nicaragua); pero no se sintieron contentos ahí, porque no podían ver los picos gemelos de Ometepe. Finalmente se fueron a Nicaragua, donde los habitantes les recibieron como huéspedes. Después de un tiempo contrataron muchos cargadores para que les ayudaran a transportar sus bienes. Sus anfitriones con mucho gusto se los proporcionaron, porque estaban cansados de aguantar a tantos extranjeros. Sin embargo, los nahuas mataron a los infortunados cargadores mientras dormían y derrotaron en batalla a quienes les habían dado hospedaje. Entonces se asentaron los nahuas y los primitivos habitantes huyeron a Nicoya".

Su sistema político era un cacicazgo, con gobierno central y patriarcal y un consejo de ancianos que tomaba importantes decisiones públicas, al que se conocía por el nombre de Monexico. Los especialistas de nuestro tiempo estiman que la población de los nicaraos rondaba las 70.000 personas. Para los nicaraos Ometepe, que quiere decir en náhuatl "dos cerros o volcanes" (ome, dos; tepe, cerro o volcán), constituía una ideología donde se apoyan los acontecimientos históricos de su llegada al Pacífico de Nicaragua y el desplazamiento mediante las armas que hicieron de sus parientes los chorotegas, con quienes compartían el concepto mítico de Ometepe sobre el lago Cocibolca, o Ayagualo, "circulo del agua".
Ambas culturas, la nicaragua y la chorotega, tienen en común las características de las culturas mesoamericanas, entre las que se hallan el apego a las guerras floridas y a los sacrificios humanos para el contento de sus dioses violentos.

En la cosmología o creencias religiosas de los nicaraguas está bien definido el significado de los dos volcanes, ligados a los dioses Tamagastat y Cipattoval, creadores del universo de los nicaraos y cuya morada se hallaba donde nace el sol. Desde Quauhcapolca, su capital en la orilla continental del lago, el sol surgía en el amanecer por entre los dos volcanes de la isla. Son los dioses que crearon todo lo existente, después de una catástrofe por la inundación del mundo que acabó con la vida.

viernes, 7 de mayo de 2010

Matagalpas


Desde mucho antes de que los chorotegas comenzaran a llegar a las Áreas Central y Pacífico de Nicaragua en el siglo VI, y de la desaparición de los mayas, ya estaban asentados en la región las llamadas tribus matagalpas. Según los estudiosos, más de 2.000 años hace que llegaron a la región estas tribus pertenecientes a los chibchas, originarios del Atlántico de Sudamérica. La llegada de los invasores chorotegas, entre los años 595 y 1505, y provenientes de México, obligó a los matagalpas a desplazarse, aunque consiguieron conservar parte de su territorio en la zona montañosa norte y centro del país, Nicaragua, lo que hoy se conoce como Las Segovias.

El término Matagalpa, que según el sacerdote y lingüista Guillermo Kiene proviene del macrochibcha y quiere decir "Vamos a la piedra", le viene asignado a este grupo indígena por parte del lingüista Daniel Brinton, quien en 1892 examinó su lengua y la encontró diferente a las restantes habladas en el país, la denominó de esta manera y desde entonces ha sido aceptada por los académicos y muchos se la han aplicado a la etnia. Cuando llegaron los españoles a la región, según los cronistas, el grupo étnico estaba denominado por chontales, uluas, xicaques y lencas, y a su lengua se le ha llamado de distinta manera y diferentes épocas: Chontal, Populuca, Cacaopera, Pantasma o Parraka. A esta extensa región donde fueron desplazados nunca llegaron los pueblos invasores de origen nahua, mesoamericanos: chorotegas, nicaraos y maribios o subtiabas, y si en tal caso llegaron fueron en escaso número o como ayudantes de los españoles.

En el siglo XVI, los matagalpas habitaban en la región Central y Norte del país en poblados como: Susucayan, Apali, Mozonte, Alcayan, Tapacusi, Caulatu, Quilali, Apasupo, Yalagüina, Palacagüina, Condega, Sébaco, Metapa, Matagalpa, Jinotega, Abay (San Ramón), Yasica, Muy Muy, Teustepe, Juigalpa o Lovigüisca. En el noroeste llegaron hasta el volcán Cosigüina, donde quedaron nombres en su lengua como: Cosigüina, Cayanlipe, Apacunca, Moropocayan, Apascali, Cayambuco, Guasaule, Perspire, Goascaran, Lamaciuy (Namasigüe), Ula, Colama, Sasacali o Somoto. Los chorotegas y nicaraos le llamaban popolucas, "tartamudos", porque no entendían su lengua, pues la suya, el Mangue, estaba relacionada con el náhuatl, de origen mexicano. De igual manera les llamaban chontales, "extranjeros".

El desarrollo de su cultura tuvo un relativo grado alto, se puede comprobar en su cerámicas, piedras de moler, pinturas rupestres o los ídolos de piedra, como las estatuas de Amerrique y Garrobo Grande, expuestos en el museo de Juigalpa. Los matagalpas no sólo lucharon contra los chorotegas, de igual modo fueron los primeros que opusieron frontal combate contra los españoles, cuando Hernández de Córdoba y, más tarde, Hernando de Soto con sus tropas quisieron entrar en sus territorios. Sin duda eran aguerridos y defendieron sus territorios con entrega. El cronista Jaime Incer Barquero dice al respecto:"Según el cronista Oviedo, el cacique Ayatega que vivía en Chinandega curó sus heridas con ojos de jocote después de haber sido casi degollado en una lucha contra los indios chontales (Matagalpa) de la región. En 1625 Hernández de Córdoba se abrió paso a fuerza de espada más allá de Tzoatega (El Viejo). Cinco años después Hernando de Soto llevó la conquista hasta Cosigüina, trayendo como botín de "guerra justa" a varios chontales (matagalpas) para venderlos como esclavos".

El tipo de vida de los matagalpas era sedentario y vivían en pequeños poblados, sus casas eran de paja o de varas y distanciadas unas de las otras.
La agricultura de los antiguos pobladores se basaba en el maíz, los frijoles, raíces y frutos comestibles, teniendo como base en su alimentación al maíz, con el que preparaban tortillas, tamales simples y dulces, pozole, pinol, atole, chicha, nacatamales, etc. Las carnes que comían eran principalmente la de venado, guardatinajas e iguanas, también pescado, y sus condimentos eran el chile, el achiote y los vinagres.

El cultivo del algodón también tenía su papel importantísimo, lo hilaban y tejían con habilidad y lo coloreaban de vivos colores con tintes extraídos de las plantas e insectos. Curtían las pieles para diferentes usos domésticos y para el campo, y los utensilios domésticos y para la caza los fabricaban con barro y fragmentos de árboles o cortezas de maderas finas. Vidriaban y decoraban el barro y tejían petates y sombreros con palmas silvestres y bejucos.

La lengua matagalpa es una lengua extinta y pertenece a la familia Misumalpa (misquitos, sumos y matagalpas), y además de hablarse en las tierras altas centrales de Nicaragua también se usaba en el Departamento de El Paraíso, en Honduras. Está enlazada con el Cacaopera de El Salvador. Joseph Greenberg la clasificó como una familia del grupo chibchano.

Entre, los hombres matagalpas, una de sus costumbres más curiosas estaba la de no realizar el acto sexual con las mujeres durante el tiempo que transcurría desde la siembra de los maizales y sementeras hasta la recolección de los frutos; tampoco tomaban licor durante ese tiempo y practicaban frecuentes ayunos.

Sus creencias religiosas estaban apoyadas sobre el politeísmo y sus dioses eran además de las fuerzas de la naturaleza: el rayo, la lluvia, el trueno, el aire, el dios del maíz, de las cosechas, del cacao, etc. El culto a los dioses estaba a cargo de sacerdotes varones, pues la mujer tenía prohibida la entrada al templo o sitio de culto.

En el distrito de Matagalpa, actualmente y según registros de la Comunidad Indígena, existen 75.000 indígenas, que se localizan en Terrabona, San Dionisio, Esquipulas, San Ramón y el propio municipio de Matagalpa.





miércoles, 5 de mayo de 2010

Otomíes


El gentilicio con el que se conoce a esta etnia no es nativo del pueblo al que se refiere, como ocurre en la mayoría de las veces cuando se trata de etnomínios referentes a los pueblos de México. Otomí es de origen náhuatl y deriva de otómitl, que significa "quien camina con flechas" o "flechador de pájaros", aunque existen otras posibilidades como que pudiera ser derivado de Oton, un caudillo de la etnia de tiempos prehispánicos. Para los otomíes el término que los identifica tiene un significado peyorativo, al estar asociado a la imagen que de ellos se tenía en la colonia y entre los nahuas, cuya imagen era la de indolentes y perezosos.

Desde varios miles de años antes de la era cristiana, el territorio de los antepasados otomíes se sitúa en la Altiplanicie Mexicana, al igual que el resto de los pueblos de habla otomangueana, con la que están emparentados lingüísticamente. En la actualidad se localizan desde el norte de Guanajuato hasta el sureste de Tlaxcala, aunque es en los estados de Querétaro, Hidalgo y México, donde se concentran la mayor representación de la etnia. Son algo más de 650.000 personas según la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de México, lo que les convierte en el quinto grupo étnico más numeroso del país.

La época que va desde el Preclásico hasta la Conquista no parece que haya despertado mucho interés entre los historiadores y estudiosos, sólo en los últimos años empieza a despertar atención por el papel o protagonismo que jugó el pueblo otomí en el desarrollo de las culturas de la Altiplanicie Mexicana. Quizás por la complicidad étnica del centro de México en esa época, que no permitía distinguir sus contribuciones, es por lo que casi nunca se menciona su protagonismo en la etapa prehispánica, aunque a la llegada de los españoles florecieron en su territorio grandes ciudades como Cuicuilco, Teotihuacan y Tula, incluso Tlacopan heredó los dominios de Azcapotzalco, con mayoría de población otomí, en el Imperio Azteca.

Hace aproximadamente 5.000 años los pueblos de habla otomangueana formaban una gran unidad, y según la gran cantidad de cognados existentes en las lenguas otomangueanas referentes a palabras alusivas a la agricultura, se estima que la expansión geográfica y la diversificación de las lenguas debió ocurrir después de la domesticación de la trinidad agrícola mesoamericana, compuesta por maíz, frijol y chile. A partir de ahí, la proto-otomangue dio origen a dos lenguas diferenciadas que son la base de los dos grupos otomangueanos, el oriental y el occidental. Siguiendo el rastro lingüístico parece probable que los oto-pames, pertenecientes a la rama occidental, llegaran a la cuenca de México aproximadamente en el año 4.000 a. C., migrando desde el sur, al contrario de lo que sostiene algunos autores. La fragmentación del grupo otopameano comenzó a darse a partir del Preclásico, de tal manera que en Período Clásico el otomí y el mazahua ya eran lenguas distintas.

El declive de la ciudad de Teotihuacan es la fecha que marca el fin del Período Clásico, cuando surgen los cambios de las redes políticas en Mesoamérica, las confrontaciones entre pequeños estados y los movimientos de población, debido mayoritariamente por las prolongadas sequías, provocando la llegada de nuevos pobladores al centro de México. Los grandes grupos nahuas comienzan a hacer acto de presencia y obligan a los otomíes a desplazarce hacia el oriente, hasta la Sierra Madre Oriental y al valle de Puebla-Tlaxcala. Los pueblos nahuas encabezan el desarrollo de grandes estados en territorio otomí y florecen grandes ciudades como Tula, a la que en el siglo IX los toltecas convirtieron en una de las principales de Mesoamérica, concentrando gran parte de la población del Valle del Mezquital, de filiación otomí. El florecimiento de Azcapotzalco, en la cuenca lacustre del valle de México, provocó la expansión de los tepanecas hacia el occidente, ocupando el territorio tradicional de otomíes, mazahuas, matlatzincas y atzincas, de modo que los pueblos otomianos cayeron en la órbita de control de los nahuas, que habían ocupado la cuenca de México. Más tarde la Triple Alianza sometió a Azcapotzalco y los tepanecas fueron asignados a Tlacopan.

A la llegada de los españoles los tlaxtecas eran aliados de los otomíes de Tecóac y, según el Códice Florentino, los nativos fueron atacados por los conquistadores, cayeron derrotados y al ver cómo habían acabado sus aliados, los tlaxtecos decidieron unirse a los españoles. Pero los otomíes jugaron un papel muy destacado en la Conquista de México, significaron una importante ayuda a Hernán Cortés, que después de la derrota sufrida en el episodio conocido como "la noche triste", los otomíes de Teocalhueyacan visitaron al conquistador y le ofrecieron comida y promesa de alianza y refugio en su pueblo. Aceptaron el ofrecimiento y permanecieron en el poblado cerca de diez días, recomponiendo fuerzas. Cortés atacó por sorpresa a los nahuas de Calacoaya por consejo de este grupo de otomíes y los derrotó, de lo que también se sirvieron los otomíes, pues eran aliados de la Triple Alianza y enemigos de ellos.

La cristianización de los otomíes se llevó a cabo en los años siguientes a la Conquista de Tenochtitlan, por los franciscanos, al tiempo que dio inicio el proceso de adaptación de las formas de organización política europeas, dando origen a las comunidades indígenas en mayordomías, que en casos como el de los otomíes de Ixtenco, Tlaxcala, constituyen uno de los pocos elementos de entidad étnica que aún se conservan. En el siglo XVI se realizó el Códice de Huamantla, quizás el más conocido, en la región de Tlaxcala, y trata de la historia de los otomíes desde la época prehispánica hasta la conquista. La ayuda que recibieron los españoles por parte de esta etnia no los libró del sometimiento, hacia la década de 1.530 todas las comunidades otomíes del Valle del Mezquital y la Barranca de Meztitlán habían sido repartidas en encomiendas. Sin embargo, al modificarse la legislación española se crearon las llamadas repúblicas de indios, que permitieron cierta autonomía a las comunidades otomíes. El sometimiento a los conquistadores nunca fue completo por parte de esta etnia, lo que demuestra el gran número de conflictos que surgieron en el siglo XVII y XVIII. Durante la Guerra de independencia permanecieron indiferentes, todos los indígenas en general, sin embargo, en el Valle del Mezquital, varios insurgentes se unieron a los grupos otomíes, que veían en la rebelión una oportunidad de deshacerse del dominio criollo y peninsular, quienes se habían apropiado de grandes extensiones de terreno otomí.

La productividad agrícola de los otomíes es escasa. El maguey es el cultivo más importante, junto a otros como maíz, frijol, nopal y chile, lo que constituye la base de su alimentación. La carencia de industria y otras formas de ganarse el sustento ha provocado la emigración de los hombres de la etnia para trabajar de peones en propiedades agrícolas en Tula, Hidalgo, en Querétaro y en San Luis Potosí. La ganadería es actividad de segundo plano, suelen tener en sus solares ovejas, cabras y algunos cerdos, incluso hay familias que tienen yunta de bueyes para labrar la tierra.

Sus casas son variadas y diferentes, según la zona que habiten. Entre las regiones fértiles se construyen de adobe con techos de teja, cartón o asbesto. En otras zonas son de paredes de barro y pencas de maguey y con techos de paja. También las hay de madera con los techos a dos aguas de tejamanil. Suelen tener entre uno o dos cuartos y un granero interior adicionado. Los suelos son de tierra por lo general. En la actualidad los nuevos materiales como el ladrillo van sustituyendo a los tradicionales.

sábado, 1 de mayo de 2010

Ópatas (Tegüinas)


Los ópatas o tegüinas actualmente están a punto de desaparecer como unidad étnica unida diferenciada y aunque a principios del siglo XX se contaron en número aproximado a los 500 componentes, en otro tiempo, en el que llegaron al continente los conquistadores españoles, se contaban alrededor de 60.000. Habitaban en las montañas de Sonora, al este y parte central del estado, y al noroeste de Chihuahua, México. El área que ocuparon era extensa, lo que en la actualidad corresponde a casi todos los distritos de Sahuaripa, Moctezuma y partes de Ures y Arizpe, su centro de civilización se situaba en la región Sahuaripa. Era por los poblados de Arizpe, Huépac, Bacoachi, Chinapa, Banámichi, Sinoquipe, Baviácora, Guásavas, Oputo, Bacadéguachi, Nácoru, Bacerac, Bavispe, Guachinera, Oposura, Cumpas, Cuquiárachi, Cúcuta, Teuricatzi, Tepachi, Terrapa, Pipita, Yecora, Nacozari, Batepito y Corodéguachi, por donde se asentaban; a finales de los años 80 muchos ópatas emigraron a los Estados Unidos, a California y norte de Arizona.

Los ópatas también están clasificados en el tronco yuto-nahua o macro-nahua y constituían un grupo de pequeños núcleos emparentado con dialectos diferentes, como los jovas y eudeves, propiamente definidos, que a su vez se clasifican en tegüimas, sonoras, congüinachis, tegüis, sahuaripas, hímeros y guasabas. Estaban considerados como el grupo más numeroso de la entidad y se asentaban en rancherías dispersas muy pobladas. Poco se sabe de su historia prehispánica, es a partir de los cronistas cuando se recogen sus primeros conocimientos respecto a esta etnia. La primera incursión de los conquistadores por los territorios ópatas fue en 1540, cuando Francisco Vázquez Coronado cruzó el territorio de Sonora buscando las ciudades de Cibola y Quivira, después, en 1614, los jesuitas Andrés Pérez de Rivas y Pedro Méndez fundaron las misiones de Sahuaripa, Arivechi y Bacanora, tras la autorización del líder ópata Sisibotari.

Los frecuentes enfrentamientos que tenían con los apaches propició la alianza con los españoles para protegerse de ellos, un mal que provocó otro porque este acercamiento derivó en la llegada de nuevos colonizadores que vieron en aquellas tierras un territorio "tranquilo", en las fértiles tierras se crearon haciendas y explotaron minerales, lo que significó para los indígenas el desalojo de sus territorios, convirtiéndose en peones, aparcaderos o jornaleros, de los colonizadores. Reconocidos como trabajadores y pacíficos, los ópatas fueron el grupo étnico que más rápido se extinguió en Sonora y entre sus causas más importantes estaban los constantes enfrentamientos con los apaches, el alto índice de mortalidad por las epidemias de cólera morbus e influenza y los cambios que generaron la recomposición étnica entre 1678 y 1744, cuando comenzaron a perder sus señas de identidad al mezclarse con otras etnias.

La lengua ópata pertenece al grupo huahuatlano y constituye una de las principales ramas de la familia ópata-tarahumara-pima, también se le denomina Ore, tegüina y sonora. La palabra ópata significa "gente hostil", "enemigos", en lengua pima, impuesto por los pimas cuando se referían a ellos. En los años 20 el proceso de desintegración se había consolidado con la pérdida de cohesión social y formas políticas y religiosas, entre 1922 y 1935, en Tolupa, se registró la muerte de los dos últimos hablantes de la lengua ópata y con ellos la perdida de la lengua materna.

Los ópatas eran trabajadores, laboriosos, y su alimentación se basaba en la agricultura, sus cultivos eran de maíz, frijol, algodón, chile y recolección de frutos y yerbas; la cacería con arco y flechas les proporcionaba carne de venado, conejos y otras piezas pequeñas que enriquecían su dieta; pescaban con red y barbaso. Desde la época de las misiones aprendieron a cuidar ganado y de esta actividad viven actualmente los grupos mestizos en pequeñas cantidades. Las mujeres elaboraban el tejido nativo y la confección de sus vestidos, así como a la fabricación de esteras y sombreros de palma.

Los territorios de los ópatas eran fértiles, situados junto a caudalosos ríos, habitaban pequeños caseríos y sus casas eran de forma rectangular, construidas con piedra y adobe, los techos de cañas, ramas de árbol, zacáte y lodo, fuertes y bien elaboradas.

Los ópatas no adoraban ni reconocían a dioses, no tenían ídolos, ni altares, ni culto, sólo ancianos que reunían los oficios de magos y curanderos, los que enseñaban ciertas doctrinas cuyo objetivo era respetar a la naturaleza y el de dominar los elementos naturales para sacarles buen rendimiento a sus cultivos. Sólo perseguían el provecho particular, sin tomarse ningún cuidado en enseñar lo relacionado con la moral o la virtud.
En las tumbas se ponían todos los vestidos de los difuntos, sus armas, una porción de pinole y una olla de agua. Durante algunos días las madres extraían leche de sus pechos para derramarlos sobre la tumba de sus hijos recién muertos, obedeciendo a la creencia de la supervivencia del alma.