domingo, 14 de febrero de 2010

Kunas


La localización del territorio kuna se sitúa mayormente en el noroeste de Panamá, en una vasta red de aldeas sobre el archipiélago de Las Mulatas, compuesto por más de 360 islas y arrecifes, en el que son propietarios colectivos de tres comarcas: Kuna Yala, Madugandí y Wargandí, donde viven, según el censo del 2000, más de 61.700 habitantes. Pero también sus asentamientos se extienden más allá de las fronteras panameñas, en la vecina Colombia se hayan dos resguardos indígenas que componen más de 1.160 habitantes, en Arquía, Chocó, y en Caimán Nuevo, Necoclí, Antioquia, Golfo de Urabá.

Cuando llegaron los españoles al nuevo continente los kunas habitaban en la región de Urabá y otras zonas limítrofes de Antioquia y Caldas. Hasta Colombia llegaron desde Panamá en la última migración Chibcha hacia el oriente. El contacto entre los nativos y los extranjeros no se dio hasta 1500 o 1501, cuando Alonso de Ojeda y Vasco Núñez de Balboa comenzaron las primeras expediciones españolas a la conquista de Antioquia, recorrieron la Costa Caribe colombiana y el Golfo de Urabá, y fue aquí, en este último lugar, donde se establecieron durante bastante tiempo y donde por primera vez tomaron contacto con el pueblo kuna.

Con respecto a las migraciones de esta etnia, desde los bosques de Darién oriental húmedo y el norte antioqueño de Colombia hacia San Blas, Panamá, existe un amplio consenso de que fue debido a las guerras que mantuvieron con sus enemigos los catíos, sin embargo, por encima de esta causa existe otra de mayor calado y más influyente, fue por el maltrato que recibían de los conquistadores españoles. Este abuso por parte de los hispanos recién llegados les obligó a aliarse con los también extranjeros y expedicionarios ingleses en contra de los primeros. La alianza con los piratas, a los que escondían por los ríos del área para atacar a los españoles, les reportó como castigo una Real Orden por parte de la Corona Española para extinguir al pueblo kuna.

La orden de aniquilamiento se llevó a cabo en una expedición que contaba entre sus números con negros e indios al servicio de la Corona, obligándoles a desplazarse hacia las cabeceras de los ríos Tuira y Chucunaque. Se supone que el curso bajo del río Atrato, en Colombia, fue el canal utilizado para dispersarse por el oriente de Panamá. No consiguieron aniquilarlos como pretendían, en cambio el desplazamiento hacia suelo panameño hizo que la cultura de este pueblo floreciera con más arraigo y energía en Panamá que en Colombia, donde sus tradiciones se han perpetuado con éxito.

En 1870, y por ley, fue creada por Colombia la Comarca Tulenega, pero con la independencia de Panamá, en 1903, se dejó de reconocer esa ley y el territorio de los kunas se dividió en dos. En 1938, el estado de Panamá creó la comarca de San Blas, conocida como Kuna Yala y en 1953 se aprobó "La Carta Orgánica Kuna", mediante una ley, la que establece las autoridades de la comunidad indígena, convirtiéndose así en el primer pueblo indígena en adquirir los derechos sobre sus territorios. La máxima autoridad política es el Consejo General Kuna, en el que participan las tres Sáhilas Generales, el representante del gobierno panameño, todos los sáhilas de cada una de las islas, los voceros, los representantes de todas las comunidades y cuantos kunas deseen asistir al mismo. En estas reuniones se perfilan democráticamente los asuntos económicos, sanitarios y de educación que afectan al pueblo kuna. Igualmente existen los congresos locales de cada pueblo, que dirigen los sáhilas y se reúnen al menos dos veces por semana, donde todos los adultos de ambos sexos están obligados a participar. En 1992 el gobierno colombiano les reconoció 7.500 hectáreas en propiedad comunal.

Los kuna, o cuna, se autodenominan dule o tule, que en lengua Kuna significa "persona", y no se llaman a si mismos indios si no kunas o dule. El Kuna es un idioma que pertenece a la familia chibcha, que tiene como hablantes un número aproximado entre 50.000 y 70.000 personas. El nombre que recibe en su propio idioma es el Dulegaya, que quiere decir "lengua del pueblo". La mayoría de los kunas son bilingües, la lengua castellana se usa para la educación y los documentos oficiales pero la lengua nativa también la hablan la mayoría de los niños. De todas maneras es una lengua considerada en amenaza.

La producción económica de los kunas está basada en la agricultura de subsistencia, en la cacería y la pesca fluvial, ocupación esta última más generalizada entre las comunidades insulares, lo que constituye fundamentalmente su régimen de alimentación. La artesanía también tiene una importancia relevante, entre la que se encuentran la cestería o las hamacas que realizan los hombres, pero si por algo son famosos los kunas es por sus molas, un tejido artístico de vistoso colorido realizado con técnicas de bordado y bordado inverso. Con este tejido se hacen blusas del traje kuna femenino que acostumbran a usarlo a diario. Según la tradición kuna fue el héroe cultural Magiryai el que trajo el diseño de la mola, que en Kuna quiere decir "ropa".

Las casas que habitan son de arquitectura sencilla, sobre terrenos planos y arenosos, basadas en construcciones de caña, pero sólidas y resistentes al clima. Son de una única habitación que sirve para dormir y recibe el nombre de Nega Tumat, "casa grande". La habitación destinada para cocina y para otros quehaceres domésticos recibe el nombre de Soenga, "casa de fuego". Los poblados son mayormente insulares y los terrenos de labor en tierra firme.

Espiritualmente los kunas se consideran Olo Tule, "hombres de oro", parte esencial de la naturaleza, a los que esta los ha dotado de privilegios y potencialidades especiales. Para ellos la divinidad fluye en ambos sexos, padre y madre, y entre la naturaleza humana, animales o plantas, las energías femeninas y masculinas fluyen simultáneamente.

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