lunes, 8 de febrero de 2010

Kiliwas


Muchos de los pueblos indígenas de la América latina se extinguieron sin haber quedado recogido parte de su historia en los anales, sólo nos quedó el nombre y poco más. Este no es el caso de los kiliwas, pero casi como si lo fuera, de su pasado no queda mucho heredado y para el futuro, a tenor del pacto de muerte que han llevado a cabo los descendientes de este grupo étnico, queda cerrarlo con el suicidio étnico, pues sus miembros han decidido que no continuarán reproduciéndose, que ninguna mujer kiliwa volverá a dar a luz, hartos y cansados de tantas injusticias históricas de las que han sido objeto, principalmente del despojo de sus tierras.

Los cronistas que llegaron en tiempo de la conquista, a California y Nuevo México, no se interesaron en demasía por el pueblo kiliwa, al menos no dejaron más de un puñado de líneas escritas al respecto. Pudiera ser que la confusión que los llevó a identificarlos a menudo con otras tribus, como fue con los laymones o los cochimíes, fuera la culpable de tal indiferencia, pero no fue así, en otros casos también hubo confusión y en cambio quedaron reflejados de otra manera. Ni los jesuitas, como Eusebio de Kino, tampoco los franciscanos dejaron mucho de su presencia en Baja California, y ni siquiera los dominicos asentados en territorio paipai, como la misión Santa Catarina, dejaron escritos sobre la cultura y existencia de este pueblo.

Las últimas 54 personas kiliwas que quedan habitan actualmente en el municipio de Ensenada, en el estado de Baja California, México, abarcan el Valle de la Trinidad que se localiza entre las sierras de San Miguel, San Pedro Mártir, y el desierto de San Felipe. Su territorio étnico, al que llamaban Ko'lew nñimát, y que en el idioma kiliwa quiere decir "la tierra de nuestra gente" o "nuestra tierra", estaba situado en el paralelo 31º y tenían al norte por vecinos a los cucapá, al poniente los paipai y cochimíes, al sur a los kumiais, y al oriente limitaban con el Ni'pai, o Golfo de California. En tiempos remotos estaban divididos en doce secciones, que correspondían con los linajes, los grupos domésticos y el territorio mítico otorgado por Melti Ipa Jalá, la divinidad creadora del pueblo kiliwa. Debido a las presiones políticas los clanes kiliwas estaban dispersos en dos regiones de Baja California, Arroyo Grande y Arroyo de León. Pero a partir de 1840, los habitantes que poblaban Arroyo Grande comenzaron a desplazarse hacia Arroyo de León, donde actualmente se concentran y a lo que ha quedado reducido su territorio. Un reducto territorial que siempre ha significado un problema frente a las autoridades, que no reconocen plenamente la posesión de la comunidad indígena.

Los kiliwas eran recolectores, sobre todo de la pitahaya y otras cactáceas del desierto californiano, y cazadores, especialmente de venados, y otras piezas, en las montañas que rodean su territorio. Declarada la independencia fueron despojados de sus tierras, para después restituirlas sólo en parte, en 1970 una resolución presidencial los dotó con 26.910 hectáreas de tierras comunales. La emigración a las ciudades es el destino de las nuevas generaciones. Desde que comenzó la colonización del Valle de la Trinidad, los kiliwas empezaron a trabajar en la ganadería como vaqueros para los colonos y actualmente lo hacen para los grandes latifundistas, los mismos que les han robado sus propias tierras. La región es casi inhabitable y nula para la agricultura, por su falta de extensiones planas donde cultivar y la carencia de agua.

Las edades de los kiliwas oscilan entre los 35 y 80 años, y la ausencia de niños hace que la lengua kiliwa esté prácticamente extinta, pues son solo 5 personas las hablantes del idioma, que parece estar emparentada con la familia hokana.

Meltí Ipa Jalá, el dios coyote, es la divinidad principal de los kaliwas, el padre de todas las cosas y la personificación de la muerte. Su mitología dice que el mundo es una bolsa de cuero roja, elaborado con la piel de Meltí Ipa Jalá, y dentro se encuentra todo lo que existe: el cielo, los hombres, las estrellas, los animales, etc. También dice que el mundo se divide en dos ámbitos: el que se contempla y disfruta, y el que es etéreo y misterioso. Los dos forman parte de la misma realidad.

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