martes, 17 de noviembre de 2009

Coras


Aunque la primera expedición de los conquistadores españoles por el territorio cora se realizó en 1592 no fue hasta el siglo XVIII cuando consiguieron someter a esta etnia mexicana. No les fue fácil la conquista de la sierra del Nayar y de hecho fue el último territorio conquistado. Pocos años después de la primera incursión en el territorio, en 1612, se llevó a cabo una sublevación contra los españoles en la que los coras, junto a los tarahumaras y los tepehuanes, fueron los protagonistas. En el siglo XVIII, en 1720, el pueblo indígena tuvo que enfrentarse a graves problemas que los obligaron a organizar asaltos a pueblos vecinos, la escasez de comida que la sequía provocó y los brotes de epidemia que se extendían por todos los territorios vecinos les obligaron a buscar soluciones a sus problemas de esta manera. Algunas poblaciones a las que asaltaron fueron Acaponeta, Centispac y Aztlán, pero parece ser que no lograron lo que pretendían pues la historia cuenta que fueron derrotados y les cerraron el paso hasta la costa de Nayarit, de donde se abastecían de sal, un elemento sagrado que utilizaban en los rituales.

Fue en 1722 cuando finalmente los conquistaron y cuando comenzó a entrar en vigor y se impuso la nueva organización política y religiosa que los extranjeros traían consigo. La usurpación de sus tierras fue motivo de otras sublevaciones en el futuro, en el siglo siguiente. En el XIX y a raíz de las leyes de la Reforma de nuevo fueron protagonistas en numerosos alzamientos de protesta por la recuperación de sus territorios, fue un movimiento contagioso que se fue extendiendo a otros territorios y con la misma finalidad, las protestas abarcaron a los estados de Nayarit, Jalisco, Zacatecas, Durango y Sinaloa, en la que se unieron a los coras los huicholes, mexicaneros, tepehuanos y campesinos mestizos. En la Revolución mexicana los habitantes de la región del Nayar apoyaron a los villistas, sin embargo, pasado el tiempo los coras se unieron a las tropas carrancistas. Ya en el siglo pasado, a principios del XX, tuvieron el último levantamiento armado en la rebelión cristera, en distintos bandos, primero participaron a favor y después en contra.

El territorio cora se localiza en el estado de Nayarit, aunque también se hayan asentamientos en el vecino estado de Jalisco. Sus límites al norte llegan hasta el estado de Durango y al de Jalisco por el oriente; al sur lo marcan los ríos Jesús María y Chapalagana hasta el río Santiago, y San Pedro Ixcatlán y el río San Pedro por el oeste. Los municipios donde se concentra la población cora principalmente son El Nayar, Acaponeta, Rosamorada y Ruiz, en el estado de Nayarit. Son 120.000 hectáreas lo que comprende el territorio cora, donde conviven con huicholes, mexicaneros y mestizos; situado en la sierra del Nayar, perteneciente a la Sierra Madre Occidental, el tramo que atraviesa el estado de Nayarit. Su altura va desde los 700 m. hasta los 2.200 m. Sus tierras las riegan el río San Pedro o Grande y el Santiago. Las lluvias que caen sobre la región están entre los 800 y 1.500 mm. anuales, pero es en el mes de junio cuando las precipitaciones son más intensas.

Los coras se autonombran Nayeri, etnónimo de donde deriva el actual nombre del estado en que habitan, alrededor de 24.500 personas pertenecientes a la etnia. Su idioma es el Cora, perteneciente al tronco lingüístico yutoazteca, emparentado con el náhuatl, aunque también hablan el español, y un hibrido al que llaman "castilla", una mezcla del cora, español moderno y expresiones del español antiguo.

La organización social del pueblo cora es de familias extensas, por lo general cuando se casan los hijos forman su propia familia pero se quedan a vivir en la casa paterna. Entre las costumbres de los coras también es normal que los ancianos tengan dos esposas, las dos reconocidas socialmente, y aunque las dos viven bajo el mismo techo y se reparten las tareas del hogar cada una cría los hijos procreados. En otro tiempo también era normal que el hombre se casara con las hermanas de la esposa. Sus casas son construidas de adobe con techo de teja y ladrillo, con dos cuartos, uno destinado a recamara y el otro a cocina, donde se encuentra el fogón. También cuentan con patios con bardas de piedra, donde siembran árboles frutales y hortalizas. Los coras viven básicamente de la agricultura, durante el ciclo agrícola los hombres y mujeres abandonan la residencia habitual para instalarse o establecerse cerca de los campos de cultivo que son propiedad comunal, por un tiempo de seis meses aproximadamente. Un periodo en el que recolectan y obtienen los productos básicos para todo el año. La emigración también es importante entre los coras, lo hacen temporalmente de febrero a mayo, algunos jóvenes al estado de Oregón, Estados Unidos. La artesanía cora es escasa y rara vez sale más allá de la región, los productos más representativos son los morrales de lana, algodón o fibra sintética, los huraches de piel con suela llanta y los sombreros de yute.

Para la etnia cora la salud y la religión van cogidas de la mano, piensan que la enfermedades pertenecen al ámbito de lo sobrenatural, es un mal que los dioses y espíritus mandan cuando están enojados porque no recibieron sus ofrendas correspondientes, que se tratan de flechas, algodón o jícaras con pinole. Los dioses tienen como aliados a los curanderos, que tienen la capacidad de provocar y curar enfermedades, por eso, aunque se utilicen medicamentos institucionales, antes deben de arreglar sus cuentas y asuntos con los dioses para que surtan efecto. Sus lugares sagrados son una infinidad y sus mitos e historias se van transmitiendo de generación en generación, se narran cómo se construyó el mundo, se creó la lluvia, el fuego, el tabaco, el maíz, etc. Cada dios cora tiene su morada en las montañas y es ahí a donde van a depositar sus ofrendas, en las cuevas, en los ríos, en los charcos, en las rocas, en los manantiales, en las peñas...

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