martes, 3 de noviembre de 2009

Choles


A los antepasados de los choles se les atribuye las construcciones arqueológicas de la zona donde habitan, que actualmente son los municipios de Palenque, Tila, Sabanilla, Tumbalá, Salto de Agua, Ocosingo, Yajalón, Catazajá, Huitiupán y Chilón, ubicados en el norte del estado de Chiapas, y en los municipios de Amatlán, La Libertad y Macuspana, en el sur del estado de Tabasco. Son una etnia de México que pertenecen a la gran cultura maya, se llaman así mismo "Winik", un vocablo maya y que significa "hombre o varón". En la sociedad mexicana se les conoce a los winik como choles pero ellos consideran y matizan que winik significa hombre y xixik mujer, aunque también es utilizado para referirse a sus congéneres y a ellos mismos, por lo que utilizan el término winikon bãlojon para referirse en forma más exclusiva. En su región, a los habitantes de Tumbalá los llaman xk'ukwits, que quiere decir "los del cerro del quetzal"; así como a los de Tila ajlumob, que significa "señores de la tierra"; y otulob a los habitantes de El Limar.

Para referirse a los extranjeros utilizan el vocablo Kaxlan, no importa que sean finqueros, iglesia, gobierno, ladinos... Para ellos son los que "no trabajan" o "no producen alimento", "los que viven del trabajo de los winik". La zona en la que viven los choles es montañosa, con clima cálido húmedo, y cercano a su territorio pasan los caudalosos ríos Tulijá y Amarillo, y afluentes del Usumacinta, donde se encuentran la cascada de Misol-Ha y las de Agua Azul. Su lengua es el ch'ol, que pertenece a las lenguas mayenses, a la rama occidental "cholano" o "chontalano". De todas las lenguas habladas en el estado de Chiapas, el ch'ol representa el 12´5%. A los choles se les conoce también como "milperos", la palabra chol significa "milpa" en su idioma. En el siglo XVI los conquistadores comenzaron a llamar chol tanto al idioma como a la etnia, pero en la lengua de los winik idioma quiere decir "t'an", por lo que su lengua sería "ch'ol t'an"; para ellos existe una clara diferencia entre el vocablo chol y ch'ol. Su economía se basa en la ganadería, porcicultura y agricultura, cultivan el maíz, frijol, café, caña de azúcar, ajonjolí y algunas especies de árboles frutales.

En el siglo XVI, en 1530, los conquistadores españoles invadieron el territorio de los choles y estos huyeron al interior de la selva lacandona, y dos décadas después, el fraile dominico Pedro Lorenzo llevó a cabo la tarea de convencimiento para que se trasladaran a las lindes de la selva, para que salieran de su interior y formara allí sus poblados, sin otra finalidad que la de allanar el camino para la evangelización de los indígenas. Así fue cómo los tzeltales se trasladaron a Bachajón y Ocosingo; los pochutlas a Ocosingo y los choles a Palenque, Tila, Tumbalá, Yuyuxlumil, Octiopá y San Pedro Sabana. Después vendrían malos tiempos para la etnia de los choles, que cayeron en las garras de los religiosos y terminaron esclavizados en las encomiendas por los españoles en Chilón, San Pedro Sabana y Yuyuxlumil o río Amarillo. Pero si ya fueron "carne de cañón" en esa época, en la de la Revolución Mexicana, en la independencia de Chiapas y su anexión a México y en la Guerra de Reforma, fue tres cuartas de lo mismo, aquí, en este contexto, los españoles no pintaban nada pero de igual manera sirvieron para alimentar las revueltas intestinas y como fuerza bruta para realizar cualquier tipo de trabajo y la población quedó diezmada.

Más tarde fueron llegando las grandes compañías alemanas e inglesas y los choles también fueron utilizados por los extranjeros, en este caso fue su territorio, el que vio cómo saqueaban sus bosques de maderas preciosas y con ello, ante la dificultad de transportar las maderas a los centros comerciales, tomaron la opción de nuevos cultivos en la zona. Los finqueros introdujeron el café en 1874, cultivo de moda por aquellos tiempos, y consiguieron que se convirtiera en una importante zona productora. No obstante, los choles continuaban de la misma manera, viendo cómo sus tierras producían generosamente y ellos seguían de la misma forma que en las antiguas haciendas, de peones de finca o mosojantel. Hacia 1936 las grandes fincas cafetaleras quedaron divididas por la Reforma Agraria y, aunque algunas fincas ya cultivaban el café, dejaron el cultivo en las otras que producían la milpa y maíz, para sumarse a las anteriores y monopolizar los cultivos, debido al precio que adquirió el café y la demanda del producto; esto hizo que la artesanía decayera por el abandono de las milpas.

El chol tradicional vive en una choza rectangular que se sostiene por seis horcones enterrados en el suelo, de ch'ute o de cintok, a los que amarran barras horizontales y recubren su estructura con bejareque y una mezcla hecha de barro, estiércol y paja. El techo de palma y zacate y el suelo apisonado. Por lo general la casa, de un solo cuarto, tiene dos puertas, una al exterior o de entrada y la otra al patio; algunas disponen de una sola ventana y otras de dos, y aunque no todas disponen de ello, sí las hay con un anexo para cocina, bodega o gallinero. La situación preferida de los choles para construir sus viviendas es en las zonas escondidas de vegetación y cercanas a los ríos. En los centros urbanos las tradicionales chozas van dando paso a las casas de concreto y techos de láminas; sus puertas y ventanas son de hierro.

Una de las instituciones más importantes para los choles es el matrimonio, para ellos la familia es muy importante, y aunque por naturaleza son endógamos, en ocasiones contraen matrimonio con miembros de otros pueblos o aldeas. Antiguamente los matrimonios se arreglaban entre las familias cuando los novios aún eran niños, y cuando se casan, el novio, contribuye a la economía de su suegro durante un periodo de tiempo que va desde los seis meses a tres años. El compadrazgo es un vínculo muy apreciado que une a las familias. En la actualidad los choles practican el rito católico y evangélico, en sincronización con sus antiguas creencias mayas. Consideran que la tierra es la madre que da la vida, por lo tanto piensan que no se puede comercializar con ella, que no puede convertirse en propiedad privada. Una madre que ofrece pero que también exige, un ser vivo de donde los humanos nos proveemos y que pasa a ser usufructo solamente si es trabajada. Sus ritos ceremoniales son para rendir culto a la tierra, en cuevas y manantiales, donde piden por las lluvias y buenas cosechas, mediante rezos, aguardiente y velas; para ello también se sacrifican animales.
























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